La cara larga duró poco, aunque seguramente en su interior seguirá unos días más con rabia por lo que pasó con la Selección. Lionel Messi entró en la segunda parte del partido ante el Getafe y, en un par de minutos, participó de la apertura del marcador y se encargó de matar el resultado en el 2-0 definitivo, de cabeza -como en la final de la Champions League- como para silenciar un poco esas voces críticas que cuestionan su calidad de crack mundial.

Sin dudas, y ya es una obviedad decirlo, Messi es otra persona cuando juega en el Barcelona, sea por el sistema de juego engrasado del equipo, por el entendimiento con sus compañeros, porque su rol es otro, porque Guardiola sabe donde pararlo, porque está liberado de la responsabilidad de tener que ser Maradona en cada pelota que toca o por cualquiera de las situaciones extra futbolísticas que deseen nombrar. Lo que no pudo en 180 minutos con la Selección, lo demostró en apenas un tiempo con el Barcelona. Y de la versión desconectada que se vio con la camiseta albiceleste, pasamos a ver al Messi de siempre, el crack.