Si en los últimos años Lionel Messi, con toda su juventud y pocos años de carrera, arañó el Balón de oro porque, más allá de sus buenas actuaciones individuales, el Barcelona se había quedado con el medidor de festejos en cero, la lógica -y los fundamentos estratosféricos que presentó Leo- hace pensar que esta vez no puede haber otro nombre ganador. El rosarino tiene que ser coronado con el Balón de Oro y el FIFA World Player, como premio y reconocimiento a una temporada inigualable, que va de la mano en lo personal y en lo grupal.

“Creo que Messi se quedará con el Balón de Oro y el título de jugador del año de la FIFA. Con Barcelona ganó la Liga de Campeones, de la que fue el principal protagonista”, apuntó Kaká, triunfador de estos reconocimientos dos temporadas atrás. Y Pelé, uno de los que algo sabe sobre esto del fútbol y encargado de otorgar el premio en la ceremonia de diciembre, coincide: “Creo que se lo voy a entregar a Messi, es el mejor”. Los dos brasileños no tienen dudas.

Supuestamente, ambos galardones se le dan al mejor jugador del año, pero, de manera extra oficial, sabemos que lo que importa es el primer semestre, de enorme injerencia por ser la parte del año que define el cierre de las temporadas y termina de determinar a los campeones y máximos artilleros. Campeón de Liga, de Copa del Rey, de Champions League y el romperredes del certamen continental, con 38 goles en todo el año futbolístico.  Después de Di Stefano, que lo consiguió bajo la nacionalidad española, será el segundo futbolista argentino que recibirá este honor, que ni el mismísimo Diego Maradona pudo saborear. No faltan títulos, no faltan festejos, no falta nada. Esta vez completa todo el formulario. Messi es el mejor.